Alexis Sánchez no quiso hablar con nadie después del triunfo sobre Perú que instaló a Chile en la final de la Copa América.
En medio de tanta alegría, el delantero no estaba feliz. Ha sido la
constante durante el torneo, porque el tocopillano no está contento con
su rendimiento y al interior de la Roja tienen claro que se enreda en su propia frustración.
"Alexis estuvo muy controlado. Eso lo sentimos. Lo más importante es tratar de recuperarlo porque para nosotros es vital".
Las palabras de Sampaoli después de la semifinal reflejan la
preocupación del cuerpo técnico de la Selección, más por el nivel de
Alexis, por cómo lo enfrenta en el partido mismo.
Sánchez ha entrenado bien y de hecho este lunes hasta jugó con el
hijo de Claudio Bravo. No está decaído ni mucho menos, pero sí saben que
la extenuante temporada con Arsenal ha mermado el físico del delantero,
que no ha mostrado la misma explosión en los mano a mano.
Pero lo más complejo está en la cabeza de Alexis, por su
autoexigencia y por la responsabilidad que sus propios compañeros le
entregaron antes y durante la Copa América.
"Sánchez tiene que ser nuestro Messi en Copa América", decía Gary Medel en la previa del torneo. "En el segundo tiempo, me dijeron, 'que te pasa, culiao, dale'", confesó el propio jugador de Arsenal después del partido con Uruguay.
A eso se suman los goles de Eduardo Vargas, que de alguna u otra manera, son una presión extra para el atacante.
Sampaoli y su gente confían ciegamente en Alexis y no habrá un
trabajo especial con él por el tema de ansiedad y el manejo de la
frustración, pero en la Selección, tanto el cuerpo técnico como sus
compañeros, esperan que Sánchez aparezca en toda su magnitud en la
final.
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