—Llegará a Utrecht como en 2014, con el Nacional italiano como única victoria en la temporada...
—No estaría mal repetir, ¿no? El maillot de la tricolor me libera de
tensión y supone un plus de confianza, como el año pasado. Recibiría con
los brazos abiertos otro triunfo, claro. Sin embargo, no me obsesiona
reeditar la victoria en París. No necesito esa presión. He trabajado
toda la campaña para afrontar la defensa en la mejor forma posible, pero
en la competición suceden muchas cosas. En el Dauphiné cometí un par de
fallos y no me recuperé bien de la fatiga, así que ahora pretendo
disfrutar del desafío, y muy centrado psicológicamente, y físicamente al
cien por ciento.
(Tras el Campeonato de Italia, el siciliano reveló que en
invierno lidió con una molesta dolencia en el tendón de Aquiles. Según
él, le mermó en el inicio de la temporada: “No deseaba decirlo antes, ya
olvidé esa lesión”. Del resto de carreras disputadas, sólo en Romandía
hizo top-ten).
—¿Le cambió la vida la conquista del Tour de Francia de 2014?
—Soy consciente de lo que he conseguido, completar la colección de
las tres grandes rondas por etapas, y ahora dispongo de mayor atención,
deportiva y extra deportiva, pero mi personalidad se mantiene igual. Me
considero el mismo hombre tranquilo, familiar y responsable fuera de la
carretera. De todos modos, no aparecí de la nada: ya había ganado la
Vuelta de 2010 y el Giro de 2013.
—¿Qué pensó allí arriba, en lo alto del podio de los Campos Elíseos?
—Bufff… Noté una inmensa satisfacción por el objetivo cumplido. Me
encontraba en una nube y se agolparon las emociones. Fue un momento de
pura felicidad. Un instante indescriptible y sin palabras para
calificarlo.
—Su carácter da la impresión de que cambia totalmente encima de la bicicleta.
—Cuando compito me transformo, sí. Siento que me rijo más por el
corazón que por la cabeza. Sólo concibo el ciclismo al ataque, sin
reservas, así es como he conquistado mis éxitos, aunque a veces pueda
parecer un alocado. Quizá también es que esté un poco loco.
—¿Le preocupa que Alberto Contador se apuntara su segunda
maglia rosa, o que Chris Froome y Nairo Quintana consiguieran buenos
resultados en su camino hacia el Tour de Francia?
—-La verdad es que no me parece relevante. Cada uno planifica su
calendario. Únicamente me fijo en mi forma y en mi preparación. Si las
cosas funcionan, como espero que ocurra, no importa el nivel de los
rivales. Les respeto y les coloco a la misma altura, como también
vigilaré a otros enemigos peligrosos. Seguro que entre todos libraremos
una preciosa batalla.
—¿Cómo valora el Giro de sus compañeros Fabio Aru y Mikel Landa?
—Como la confirmación de su talento. Son jóvenes y con mucha calidad, el futuro.
—¿Entiende la sospecha por los casos de dopaje en Astana?
—Ese capítulo pertenece al pasado. Lo de la familia Iglinskiy supuso
un tema desagradable, iban por su lado, y los chicos del Astana
Continental no integraban nuestra estructura. Nos dieron la licencia
World Tour y se acabó la polémica.
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