Sin un solo representante de la BBC y con Jesé bastante desatendido, no se pueden pedir milagros. Lewandowski derribó casi al final la puerta de un Madrid que se fue diluyendo, acurrucado, sin uñas, metido en el laboratorio de Benítez, acabando con James y Marco Asensio de pareja de ataque. Con esto se dice todo. Bale, el cañonero del día anterior, no disfrutó ni de un minuto. Se supone que por riesgo de lesión o sobre carga. La final de la Audi Cup ante el Bayern de Guardiola
giró hacia un partido experimental, con mejores chispazos puntuales de
los alemanes frente a un equipo blanco ordenado y trabajador a destajo,
pero sin atractivo alguno.
El Bayern se llevó el trofeo en justicia porque golpeó más. El once
inicial del Madrid resultó tibio, seguramente condicionado por el
partido del día anterior, insuficiente para hacer daño continuado al
equipo de Guardiola. Apretó Jesé menos que otros días, Kroos puso a prueba a Neuer,
pero decididamente el campo estaba inclinado hacia la defensa del
Madrid, que fue la protagonista de la noche. Nacho brilló por lesión tempranera de Pepe, Carvajal mostró su furia muy por encima de lo que ofrece Danilo, a Ramos se le vio sobrio y en el último metro Keylor Navas mezcló paradones con dosis de fortuna, que tampoco le vienen mal a un portero.
El castillo blanco se mantuvo en pie con dignidad desde el principio,
tuteando a todo un Bayern que jugaba en su templo, espoleado desde el
banquillo por la necesidad de Guardiola de reivindicarse ante las
críticas. No estuvo muy profundo el Madrid, pero hizo lo suficiente para
que Ramos fuera objeto de penalti
en el instante previo al pitido del descanso. El árbitro barrió para
casa en una infracción clara que pudo cambiar el panorama del segundo
tiempo.
A la hora de juego las probetas de Benítez empezaron a echar humo.
Realizó tales sustituciones que el Madrid quedó casi irreconocible.
Asensio, Modric, James, Danilo... entraron al campo y
el puzzle presentó cosas tan no previstas como ver a Danilo de volante
derecho, a James con Asensio en pareja de ataque, a Modric alternando de
enganche y mediocentro, y para aderezar la ensalada saltó al césped Borja Mayoral con funciones confusas.
Guardiola, sin embargo, mantuvo en campo a dos armas letales, Douglas
y Lewandowski, que fueron metiendo el cuchillo suavemente a un Madrid
que se limitó a defenderse de la forma más ordenada posible. El
‘matador’ polaco primero falló de manera estrepitosa en un remate a un
metro de la raya. Pero minutos después enmendó su insólito error
empujando a la red un saque a balón parado.
¡¡Ay!! El primer gol serio de la pretemporada que encaja el Madrid
tuvo que ser a balón parado. Errores de siempre... Benítez tiene aún
mucho trabajo por delante.
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