"Tratamos de mantener un equilibrio entre ir a verle y llamar, y no ser una molestia”, dice Ross Brawn.
Lo afirma en el diario ‘Daily Express’, reconoce allí lo duro, y largo,
y terrible que se hace ver a quien fue tu amigo seguir luchando por
vivir. Habla de Michael Schumacher, al que ayudó a ganar cinco
títulos mundiales consecutivos en la Fórmula 1 cuando él era jefe del
equipo en Ferrari. Todo queda tan lejos. O tan cerca.
Brawn, en el dulce retiro tras dejar en 2013 las riendas del equipo Mercedes en manos de Toto Wolff, habla de “esperanza”. Confía en que Schumacher, que sigue en un grave estado de salud en su casa de Gland (Suiza) producto del accidente de esquí sufrido el 29-12- 2013, se recupere. “He ido a verlo un par de veces. Corinnna (esposa de Michael) de vez en cuando me llama y me mantiene informado. Seguimos rezando todos los días, pensando en que se recuperará aunque esta etapa... es lenta, pero siempre hay esperanza”, reconoce Brawn.
De nuevo la esperanza. Y es que es a eso a lo que hay que aferrarse, como también lo hizo Philippe Bianchi hasta que desafortunadamente su hijo, Jules,
falleció el pasado mes de junio por los daños provocados en el
accidente de octubre de 2014 en Suzuka. “Lo que puedo decir es que no le
dejen ir. Mientras Michael esté aquí, está luchando. Es el campeón más grande que la F-1 ha conocido”, afirma Philippe. No se va a rendir, seguro. Hay que tener esperanza. as.com
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