KANSAS CITY, Mo. -- Existe un hombre en la República Dominicana que cree que sabe lo sucede dentro de la cabeza de Yordano Ventura. De ser así, probablemente sea la persona más inteligente del béisbol.
Los
entrenadores de Kansas City han pasado gran parte de la temporada
tratando de descifrar al joven lanzallamas. Ellos lo vieron tan
concentrado que pudo lanzar siete ceros en el Juego 6 de la Serie
Mundial del 2014, apenas dos días después de la muerte de un amigo
cercano. Y luego ellos lo vieron perder el control en un juego rutinario
la primavera del año siguiente, cuando un lanzador lo miró raro.
Las emociones de Ventura pueden cambiar tan rápido como sus bolas de 100
mph. Al igual que su destino. En el primer juego de la temporada,
Ventura, de 24 años, tenía un contrato por $23 millones recién firmado y
el trabajo ideal como el mejor lanzador de Kansas City. A finales de
julio, se le pidió que se presentara en la oficina de Ned Yost, manager
de los Reales, y se le dijo que lo mandarían a las ligas menores. Tres
mess después, luego que Kansas City sacrificara a tres lanzadores zurdos
para adquirir a Johnny Cueto
para que fuera su as, es Ventura - y no Cueto -- el que iniciará el
primer juego de la Serie Divisional de la Liga Americana el jueves en
Kansas City.
En algún punto intermedio, Ventura se peleó con el JMV reinante, Mike Trout, inició una pelea en Chicago, golpeó intencionalmente a Brett Lawrie
de Oakland con un lanzamiento a la cabeza, cumplió una suspensión de
siete juegos, e hizo que todos se preguntaran, "¿Qué está pensando?"
"Aquí está este muchacho", dijo el receptor sustituto Drew Butera,
quien estaba con los Angelinos en la primavera durante la disputa con
Trout, "tiene material eléctrico y nos está blanqueando, y en el
instante en que permite una carrera, es como si le hubiéramos hecho algo
a su familia".
Aquí es donde entra Víctor Báez. Báez, coordinador
del campo para la academia de los Reales en la República Dominicana, es
como un padre para Ventura. Estuvo ahí hace siete años, cuando un
escucha trajo a Ventura a la academia, cuando Ventura estaba tan flaco
que Báez pensó que era un niño pequeño, no un joven de 17 años con un
lanzamiento de 91 mph.
Báez insiste en que Ventura no es un
rufián. Simplemente es incomprendido. En la mente de Ventura, aún sigue
siendo el adolescente de 5 pies 6 pulgadas (1.67m) y 120 libras (55 kg)
solo en un campo de béisbol, tratando de llamar la atención. En la
República Dominicana, siempre hacía cosas que ponían a prueba la
paciencia de Báez, cosas para compensar su tamaño. Quería lanzar 100 mph
en la práctica de bateo. Lo ignoraron tantas veces que incluso ahora
que ha triunfado, sigue tratando de mostrar su valía.
Es por eso
que desafío a Trout, de 6 pies 2 pulgadas (1.88 m) y 230 libras (104
kg), un tipo con un físico impresionante que pudo haber destruido a
Ventura (quien ahora mide 5 pies 11 pulgadas (1.80 m) y pesa 180 libras
(82 kg)) como un emparedado. Ventura, dice Báez, ya tiene el dinero y el
trabajo, pero en algún lugar de su cabeza debajo de la gorra
ligeramente inclinada, él cree que aún no se ha ganado el respeto.
"Se
debe a que es un tipo pequeño de la República Dominicana", dice Báez.
"Toda su vida, ha sentido la necesidad de ganarse un lugar en el equipo.
En la República Dominicana, los equipos lo veían y nadie lo contrataba a
causa de su cuerpo. "Está luchando por todo. Está luchando por su
vida".VENTURA NUNCA LLEGÓ al Omaha de la Triple A en julio. Poco antes de que completara sus planes para el viaje en coche de tres horas, Jason Vargas, lanzador de los Reales, se rompió un ligamento del codo, dejando un hueco en la rotación.
Aun
así, el descenso de categoría tuvo un efecto significativo. Antes de la
reunión a finales de julio en la oficina de Yost, tenía un récord de
4-7 y ERA de 5.19. Desde entonces, registra 9-1 con ERA de 3.03, 91
ponches y cero arrebatos. Ponchó a 11 el sábado contra Minnesota,
igualando su mejor marca, y llevaba un juego sin hits hasta la quinta
entrada. Estuvo igual de impresionante la semana anterior contra los
Cubs, al lanzar cinco entradas perfectas.
"Ha recuperado la
confianza", dijo el entrador de lanzadores de los Reales, Dave Eiland.
"Está evitando las complicaciones cuando lanza".
Cuando los Reales
llamaron a Báez en julio para informarle que Ventura sería enviado a
las menores, se preocupó por la forma en la que su joven protegido lo
manejaría. Pero Ventura mostraba una tranquilidad que no iba con él. Le
dijo a Báez que sabía que necesitaba hacer un cambio. Una noche antes,
se sintió profundamente afectado por permitir seis carreras contra
Pittsburgh y porque había colgado numerosos lanzamientos sobre el plato.
"Se
escuchaba como un muchacho distinto", dijo Báez. "Estaba listo para
irse a la Triple A. No estaba molesto, y eso me sorprendió. Esa reunión
lo cambió".
Ventura expresó una sola preocupación durante su
conversación con Báez: No quería que los entrenadores y los directivos
pensaran que no podía competir en las ligas mayores. El comentario
sorprendió a Báez: después de todo, Ventura no solo demostró que podía
competir en el 2014; se consolidó como uno de los lanzadores jóvenes más
brillantes del béisbol. Ponchó a 159 bateadores como novato, registró
un ERA de 3.20 y era, por mucho, el jugador más consistente en la
rotación de los Reales, en su inesperado camino a la Serie Mundial.
Pero después, el veterano James Shields
se marchó a San Diego en la temporada baja, y Ventura se convirtió en
el nuevo lanzador número 1. Ya no era un muchacho. A sus 23, se había
convertido en El Hombre.
Varios jugadores de los Reales se
preguntaban si Ventura se había presionado demasiado en la primera mitad
de la temporada. El receptor Salvador Pérez dice que Ventura "quería
hacer demasiado". La estrella estaba presionándose tanto en junio, que
el primera base, Eric Hosmer,
habló con él en privado en el dugout, después de que Ventura fue sacado
del juego después de apenas tres entradas y mostraba su descontento.
"¿Cómo
es que no sientes la presión, cuando eres joven y tienes un gran
contrato y recibes mucho dinero?" Dice Hosmer. "Hay gente que espera
mucho de ti, y era el lanzador del primer juego, y eso es mucha presión.
Es muy sensible, y quería hacer todo para convertirse en el mejor
lanzador del equipo, y no sucedió. Así que se sintió frustrado. Aprendió
la lección".
Las volubles emociones de Ventura son su principal
problema y, al mismo tiempo, su principal ventaja. El mejor ejemplo de
su habilidad para controlar su pasión ocurrió en el otoño del año
pasado. Los Reales se dirigían a casa desde San Francisco después del
Juego 5 de la Serie Mundial, una derrota que los metió en un hoyo 3-2.
Ventura acababa de enterarse de que Óscar Taveras,
jardinero de los Cardenales de St. Louis y su amigo de la República
Dominicana, había fallecido en un accidente automovilístico.
Ventura
sintió gran pesar y nadie sabía cómo manejaría el próximo Juego 6. Pero
Ventura se acercó a Eiland y René Francisco, asistente del gerente
general de los Royals, en el avión. "Puedo hacerlo", dijo. "Voy a
demostrarle a la gente".
Dibujó las iniciales de Taveras en su
gorra, se subió al montículo y cedió solo tres hits en una holgada
victoria 10-0 de los Reales, dándole a Kansas City una noche más de
celebración, antes de que los Gigantes se alzaran con el título en el
Juego 7.
Pero cuando las cosas comenzaron a salir mal en la
primavera, Ventura comenzó a pensar demasiado. Después del incidente en
el que golpeó con la pelota a un bateador, Eiland dice, Ventura tenía
miedo de lanzar pegado, por miedo a golpear a alguien, iniciar otra
pelea y defraudar a sus compañeros de equipo.
"Se sentía algo
avergonzado por sus acciones", dijo Eiland. "Era un proceso de
aprendizaje. Lo dije en aquel entonces y lo vuelvo a decir ahora: Va a
mejorar debido a eso. Aprendió mucho sobre cómo ser un lanzador de las
grandes ligas, sobre qué hacer y qué no hacer, y sobre esa delgada línea
que no debe cruzar".
VENTURA VOLVÍA A SER "EL HOMBRE"
una vez más. A sus 14 años, abandonó la escuela para hacer trabajo de
construcción y ayudar a su madre, quien lo crio sola. Tres años más
tarde, se le presentó una oportunidad: un escucha lo descubrió y se lo
llevó a Báez.
Los relatos varían en cuanto al tamaño de Ventura
cuando llegó a la academia de los Reales. La mayoría dice que pesaba
120 libras (54 kg); René Francisco dice que pesaba como 135 libras (60
kg). En cualquier caso, era lo suficientemente pequeño como para que de
lejos, Báez lo confundiera con un niño. Pero después Ventura comenzó a
hacer lanzamientos de 90 mph, y el club lo contrató por $28,000.
Ventura
tuvo que irse a vivir a la academia durante un año y medio, porque los
Reales temían que se lesionara un brazo tratando de lanzar demasiado
fuerte, si no estaba bajo constante vigilancia. También creían que
necesitaba orientación, porque no había tenido muchas figuras masculinas
en su vida.
Es un prospecto que llega una vez cada cien años,
dice Báez: los regalos como Ventura no deberían venir en paquetes tan
pequeños. Su cuerpo le recordaba a Pedro Martínez,
otro aguerrido lanzador de la República Dominicana que desestimó las
dudas sobre su tamaño y energía, y fue introducido recientemente en el
Salón de la Fama. Ventura idolatraba a Martínez.
Además de su
brazo, la otra característica destacada de Ventura era su hambre. Báez
tuvo que expulsarlo de la academia un par de veces por hacer las cosas
que hizo en Kansas City esta primavera: confrontar a los bateadores, y
perder el control. "No es un muchacho malo", dijo Báez. "Pero en
ocasiones se le acumula demasiada energía en el cuerpo y la cabeza. Eso
hace que se meta en problemas".
Báez dice que la personalidad de
Ventura puede ser difícil de descifrar porque es reservado. En Kansas
City, se integra con la mayoría de los jugadores de habla hispana, y
cuando da entrevistas, usa un intérprete. Su inglés es bueno;
simplemente no se siente cómodo dando entrevistas en inglés, porque sus
palabras podrían malinterpretarse.
El cambio de Ventura no fue tan
simple. Eiland tuvo que convencerlo de que dejara de sobrelanzar su
bola rápida y que confiara en sus lanzamientos secundarios (el
lanzamiento en curva de Ventura fue prácticamente imbateable contra los
Mellizos el sábado). Se necesitó del liderazgo de Pérez, un lanzador
All-Star, que sabe cómo hablar con sus lanzadores. Se necesitó el
respaldo de tipos como Francisco, quien planeaba llevar a Ventura a
Omaha solo para estar a su disposición.
Cueto y Edinson Vólquez
ayudaron también. Ambos son lanzadores veteranos de la República
Dominicana, y lo entienden. Volquez se ve reflejado en Ventura: el
espíritu joven, la mecha corta. Volquez tuvo suerte. Cometió la mayoría
de sus errores en las ligas menores, donde pasaron casi desapercibidos.
Cuando
los Reales contrataron a Cueto, justo antes de la fecha límite del
mercado de intercambios, algunos se preocupaban de la posible hostilidad
con Ventura, porque Cueto había sido contratado básicamente para ocupar
el lugar del principal lanzador del equipo. En cambio, los lanzadores
se entendieron bien y con frecuencia se les puede ver juntos en el
dugout.
"Considero que Johnny Cueto le ayudó mucho cuando llegó al
equipo", dice Báez. "Yordano me dijo, 'Trabajo duro con él todos los
días".
ES LA TARDE
después de que los Reales ganaron su primer título divisional en tres
décadas, y las velas, el spray en aerosol y un gran ventilador
trabajaban al unísono en la casa club para tratar de eliminar el hedor
del champán del día anterior. Un búho de plástico luce una cinta en la
cabeza y un puro. Todos están relajados y contentos; y el grupo de
jóvenes hombres en traje, visitan a los miembros de las ligas menores de
los Reales, y caminan torpemente alrededor del club. Ventura estira la
mano y saluda a los muchachos. Ventura dice que la primera parte de la
temporada es "un momento delicado". Desde luego, le preocupaba lo que la
gente pensaba de él. Verdaderamente quería responder a la confianza que
el equipo había depositado en él, para mostrar que merecía todo lo que
le habían dado. Finalmente aprendió a dejar ir todo el estrés, y
proyecta una tranquilidad que no mostraba desde octubre del año pasado.
"Simplemente
estoy tratando de controlar lo que puedo", comenta en español.
"Afortunadamente regresé y la gente ha notado el cambio, y eso es lo
importante, que los fans se den cuenta, así como los jugadores de los
otros equipos y del nuestro".
Después de su traspaso de los
Angelinos a los Reales en mayo, Butera ha disfrutado conocer a Ventura
como compañero de equipo y no como un bribón. Ahora comprende la
competitividad y la pasión del lanzador. Y no quiere que lo pierda.
Mucho
ha cambiado desde el primer día de la temporada. Tres de los lanzadores
abridores de los Royales de abril ya no están en la rotación: Vargas
será baja durante el resto de la temporada, y Danny Duffy y Jeremy Guthrie quedaron relegados al bullpen. Incluso Cueto se estuvo tambaleando durante un mes, mientras se ajustaba a un nuevo receptor.
Así
que los Royals saben que si quieren triunfar en la postemporada,
tendrán que hacerlo sobre los hombros de Ventura. Necesitarán que
regrese al nivel que tuvo en el 2014, y que muestre la madurez del
hombre que es hoy.
Elizabeth Merrill escribe para ESPN.com. Consulta su archivo de columnas.
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