COOPERSTOWN, N.Y. -- John Smoltz mostró algo de humildad y clase durante una entrevista reciente, cuando comentó que el cuerpo de lanzadores de los Mets de Nueva York del 2015 es significativamente más talentoso que las grandes rotaciones de los Bravos de Atlanta de la década de 1990 y principios de la década de 2000.
El
paso del tiempo, la fragilidad de los ligamentos del codo y el grave
efecto de miles de entradas ayudarán a determinar el veredicto final.
Mientras los abridores de los Mets, Jon Niese, Matt Harvey y Jacob deGrom, se miden a los Dodgers de Los Angeles
en Citi Field este fin de semana, Smoltz estará pronunciando un
discurso en el norte del estado de Nueva York y estará agradeciendo a
toda las personas que hicieron realidad su viaje a través del nirvana
del béisbol.
Smoltz estará acompañado de algunos extraordinarios
personajes en el estrado del Clark Sports Center. Cuando el próximo
domingo Smoltz y sus colegas lanzadores, Randy Johnson y Pedro Martínez, reciban sus placas de Cooperstown, junto con el ídolo de los Astros de Houston y miembro del club de los 3000 hits, Craig Biggio,
se estará dando un merecido reconocimiento a una fraternidad de
lanzadores tristemente olvidada por los votantes del Salón de la Fama
desde hace quince años.
Entre los historiadores
del béisbol, la reacción natural es: "¿Por qué tardaron tanto?" Tras la
llegada de Nolan Ryan a Cooperstown en 1999, en las ceremonias de
introducción al Salón de la Fama no había ningún abridor, hasta que Bert
Blyleven terminó con la sequía en el 2011. Durante dicho periodo
improductivo, los estándares para los lanzadores abridores se
descontrolaron y las expectativas eran prácticamente imposibles de
alcanzar.
La gran cantidad de lanzadores abridores elegidos en el
2014-15 es particularmente impresionante, debido a todos los obstáculos
que los recientes miembros tuvieron que superar. Florecieron en una era
en la que la ofensiva se engrandeció, lidiando con enormes toleteros en
parques amigables para los bateadores, y lanzando (supuestas) pelotas
salidoras en zonas de strike más limitadas y restrictivas. A pesar de
que la balanza se inclinaba a favor de la ofensiva, ellos perseveraron.
"En
ningún momento mientras lanzaba, sentí que hubiera una desventaja",
dijo Smoltz. "Mi filosofía era: "encontraré el modo". Y los grandes
lanzadores siempre encuentran la manera de adaptarse a todas las
situaciones. Creo que ese es el criterio de prácticamente todos los
miembros del Salón de la Fama. Eso es lo que los hace grandes".
La supervivencia en la era de los esteroides
De
los cuatro peloteros elegidos este año, Martínez ha sido uno de los
mayores críticos del uso de sustancias que aumentan el rendimiento
deportivo. Durante una reciente conferencia telefónica sobre el Salón de
la Fama, Martínez calculó que 60% de los jugadores usaron sustancias
prohibidas durante el punto álgido de la "era de los esteroides" (que se
define vagamente como un periodo de veinte años que inició entre
mediados y fines de la década de 1980).
"Si me preguntan, les
responderé como siempre lo hago cuando me hacen la pregunta, '¿Cómo me
sentía lanzando en la era de las sustancias prohibidas?", dijo Martínez.
"Les digo: 'Saben, no hubiera querido que fuera de otra forma'. Así que
no me puedo quejar de la forma en la que competí. Sé que lo hice de la
manera correcta".
Martínez, de apenas 5 pies 11 pulgadas y 170
libras de peso, dependía de una combinación de tres lanzamientos, un
corazón de gran tamaño y un don para lo espectacular que convertía cada
salida en algo que todo el mundo estaba obligado a ver. La estatura de 6
pies 11 pulgadas de Johnson contribuyó a cierta falta de control en
Montreal, pero el pelotero hizo los cambios necesarios para progresar de
tirador a lanzador. Y Smoltz fue lo suficientemente versátil como para
ganar 204 juegos y amasar 154 juegos salvados, colocándolo en un club de
dos hombres, junto con Dennis Eckersley, de más de 200 juegos ganados y
lanzador de cierre de elite.
Los números comprueban porqué
Johnson obtuvo el 97.27% de los votos, el octavo total más alto en la
historia del Salón de la Fama. Está en segundo lugar, después de Ryan,
con 4875 poches en toda su carrera y es uno de los 24 lanzadores con 300
triunfos en toda su carrera. El auge de Martínez únicamente duró de
1993 hasta 2006, sin embargo, logró ganar tres Premios Cy Young y fue
llamado a ocho equipos Todos Estrellas. Ocupa el decimotercer lugar en
la historia de la MLB con 3154 ponches, a pesar de que está clasificado
en el lugar 165 en entradas lanzadas con 2827 1/3.
Algunas de sus
temporadas individuales desafían la comprensión: • En 1999, Martínez
registró record de 23-4 con efectividad de 2.07 y 313 ponches, lo que le
valió su segundo Cy Young. De forma increíble, su temporada pudo haber
sido aún más dominante. En el 2000, Martínez acabó con marca de 18-6 y
ERA de 1.74, 128 hits permitidos en 284 entradas y un promedio de
carreras limpias ajustado (ERA+) de 291. (La estadística considera un
estimado del lanzador y lo compara con el resto del béisbol, con un
puntaje de 100 como promedio de la liga). Para ilustrar este ejemplo, Zack Greinke de los Dodgers tiene una racha de 42 2/3 entradas sin permitir carreras y un ERA+ de 281.
"Pedro lo consiguió en Fenway, en la División Este de la Liga Americana,
con el bateador designado, durante el apogeo de la época de los
jonrones", dijo Steve Hirdt del Elias Sports Bureau. "Es como si Jesse
Owens o Ben Johnson establecieran el récord de los 100 metros planos
corriendo en arena. Todas las condiciones estaban en su contra, y aun
así logró florecer y terminar un año que pasó a la historia".
• Durante
un asombroso periodo en Arizona, de 1999-2002, Johnson registró marca
de 81-27 con ERA de 2.48 y obtuvo cuatro Cy Young consecutivos. En el
2001, ponchó a 372 bateadores y permitió 181 hits, uniéndose a Martínez
como uno de los únicos dos abridores en terminar con el doble de ponches
que hits permitidos en una sola temporada.
Las altas cifras de
Johnson en ponches y su insistencia de lanzar hasta las últimas entradas
de los juegos ponían a prueba rutinariamente su resistencia y voluntad.
Según Baseball-reference.com, Johnson hizo 140 o más lanzamientos en
más de 42 ocasiones en su carrera. En dos ocasiones, de comienzos a
mediados de los años 90, hizo 160 lanzamientos con los Marineros de Seattle.
A
finales de julio de 2002, cuando Johnson tenía 38 años de edad, hizo
149 lanzamientos en una victoria de juego completo sobre Montreal. El
béisbol era distinto en aquella época, hoy en día la marca de 100
lanzamientos hace sonar las alarmas en el dugout.
"Considero que
los lanzadores actuales son estupendos, pero no sé si alguna vez sabrán
lo buenos que pueden llegar a ser porque las organizaciones no les
permiten lanzar en momentos de problemas o llegar hasta las últimas
entradas", dijo Johnson. "Yo me convertía en un mejor lanzador cuando
estaba fatigado y el juego estaba en peligro. Con 125 lanzamientos, me
quedaba sin energías, pero tenía que completar la entrada. En el béisbol
actual, es un tipo de especialización, donde el manager va y llama a un
lanzador que ocupará tu lugar porque esa es su función".
Johnson
cita la reducción de la zona de strike como uno de los mayores retos a
los que él y otros lanzadores de cosechas recientes han tenido que
enfrentar. El béisbol introdujo el sistema de cámaras QuesTec para
evaluar a los árbitros en el 2001, antes de reemplazarlo con un sistema
de Evaluación de la Zona en el 2009.
"Recuerdo observar (a los
lanzadores) en los años 60 y 70 en viejos videos en blanco y negro y en
programas de béisbol", dijo Johnson. "La zona de strike en aquel
entonces era de las rodillas a las axilas. Y después, cuando estaba
lanzando y aún hoy en día, está la pequeña zona de strike que muestran
en prácticamente todos los juegos. Ahora bien, esa la zona de strike
ahora, pero en realidad no lo es, propiamente dicho. No es la zona de
strike que se indica en el libro de reglas. Este hecho es más favorable
para los bateadores".
¿Qué viene después?
Incluso
con la llegada de las formaciones defensivas especiales y extensos
informes de escuchas que inclinan la balanza hacia la prevención de
carreras, es probable que pasará algún tiempo antes de que el Salón de
la Fama vuelva a darles una cálida bienvenida a los lanzadores
abridores.
La candidatura de Roger Clemens está en peligro por sus supuestos problemas con sustancias prohibidas, y Curt Schilling y Mike Mussina
han hecho poca mella a pesar de sus fuertes currículos. Schilling
alcanzó una marca personal con el 39.2% de los votos (se necesita el 75%
para ser elegido) en su tercera aparición en la papeleta de voto en el
pasado invierno. Mussina subió ligeramente del 20.3% al 24.6% en su
segundo intento por entrar en Cooperstown. Y Roy Halladay, el siguiente abridor que merece un análisis más detenido, no estará incluido en la papeleta de voto hasta el 2019.
Los
logros de la vieja escuela para la introducción ya no son alcanzables.
Antes del inicio de la temporada, Bill James evaluó las probabilidades
de que los lanzadores activos alcancen 300 triunfos para el final de sus
carreras. Clayton Kershaw llevó la delantera con el 31%, seguido de Félix Hernández (26%), James Shields (16%) y Justin Verlander (12%). Nadie más superó el 10%..
No obstante, el panorama actual está salpicado de lanzadores jóvenes, y
no tan jóvenes, que están logrando cosas increíbles. Kershaw obtuvo su
tercer Cy Young a los 26 años; Madison Bumgarner
ya tiene tres apariciones en el Juego de Estrellas y un premio de
Jugador Más Valioso de la Serie Mundial en su currículo a la tierna edad
de 25 años; se ha comparado a Chris Sale con Randy Johnson por sus totales de ponches; Greinke y Max Scherzer se ven más dominantes que nunca con poco más de 30 años; y José Fernández aparentemente está alcanzando el nivel que tenía antes de su cirugía Tommy John.
Y hay mucho entusiasmo en torno al grupo de jóvenes lanzadores de Nueva York: Harvey, deGrom, Noah Syndergaard, Steven Matz
y (esperan los Mets) un quirúrgicamente reparado, Zach Wheeler, quien
podría impulsar un renacimiento del béisbol en Flushing, mientras
desanima las alineaciones de las ligas mayores durante muchos años.
¿Podrá
el grupo actual de lanzadores abrirse paso a Cooperstown en quince o
veinte años, una vez que el Rey Félix, Kershaw y compañía se hayan
retirado y estén fuera de las papeletas de votación?
"Cuando
observas el océano en calma, es difícil ver cuál será la ola más
grande", dijo Hirdt. "Y luego, de repente, todo encaja en su lugar. Tal
vez estos muchachos que están surgiendo en este momento y convirtiendo
el béisbol en un juego de lanzadores, serán la próxima gran ola".
Mientras
tanto, el trío formado por Smoltz, Johnson y Martínez cuidará del
estrado como los dignos receptores de las placas del Salón de la Fama.
Bajo circunstancias claramente desfavorables, encontraron la forma de
terminar lo que algún día comenzaron.
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